Marta se introdujó. A pesar de todo. La silla pintada, era un lugar fetiche y ya la conocian de antaño.
-¡Hola hermoso! ya se que te dijé que...en fin, te cambio... no tengo dinero. Pero si ganas de sexo. Y sigo necesitando aquellos tacones. Es por un asunto de trabajo.
Despues de una noche tierna y seductora, humeda y torrida. Marta emergió de aquel lugar con esos tacones misteriosos. Eran necesarios. Nadie sabía por que. Solo ella. Quizás Rodriguez. Era su proximo objetivo.
Le sinrazón de aquel misterio, repleto de muertos la había encendido. Era complicado, pero no imposible. Todos los miembros del equipo conocían ya el procedimiento "standar" (ver, oir y callar)
Corrío rauda a visualizar antiguos contactos. He descubierto tal, cual. Necesitaré que todos andemos totalmente despiertos, ya sabeís chicos...lo de siempre.
Se reunió con el equipo. Los avances erán desconcertantes. El motivo de aquellas muertes venía de antaño.
-"Marta, ¿que hicisté anoche? Hoy estas radiante."
-Gracias Rodriguez jiji te tengo que relatar algunos avances...la investigación va a ser más complicada de lo que esperabamos...
Una sonrisa torcida femenina y una mirada de asqueo masculina. ¿Que andará planeando ahora?
sábado, 4 de septiembre de 2010
miércoles, 13 de mayo de 2009
Capítulo 6
Las sirenas silbaban sin cesar, cada vez mas cercanas. El bucle de sonidos periódicos y repetitivos no podía resultar mas desagradable e inoportuno.
-Se nos acaba el tiempo -murmuró Rodríguez mientras miraba a Sánchez de reojo.
Sánchez conocía bien al inspector, no en vano, los 13 años que llevaba trabajando con él le servían para saber de sobra lo que significaba un solo gesto. Se avecinaban problemas, y de los gordos. Mas le valía apresurarse porque si la policía entraba en escena de poco iban a servirles las pruebas que tuvieran, se las arrebatarían haciéndolas suyas, sin embargo aún no conocía un solo policía capaz de sacar nada útil de todo aquello.
-Crimen pasional, como si lo viera...-Pensó Sánchez en alto.
-Hombre Sánchez, quiero pensar que en la policía queda alguien con sentido común, esto mas que pasión es desenfreno...Oiga, ¿sabe algo de Marta?
-Lo mismo que usted inspector.
-Pues mal vamos...Aunque visto lo visto, casi mejor que se quitara de en medio, así no tendré que preocuparme de que mantenga la boca cerrada.
-Si usted lo dice...
-Ande ande, déjese de cháchara y acabe con lo suyo que aquí se nos van a merendar como no nos demos prisa.
Las sirenas se detuvieron. No obstante el estruendo causado por lo que parecía ser un barrio entero cotilleando no perdió la ocasión de recuperar protagonismo. Ya habían llegado, tenían que actuar rápido.
-Sánchez, no hay tiempo de hacer nada mas. Diríjase a la cocina y trate de escabullirse por la puerta de atrás. Pase lo que pase la policía no debe tener acceso a nuestras cosas. Tome, llévese mi libreta. Confío en su buen criterio.
-Haré lo que pueda inspector.
-Sabe lo mucho que odio que me hinche las pelotas con su condescendencia, o lo hace o no lo hace, y entonces vamos de culo, mas vale que aleje todas las pruebas de las manitas de esos cerdos o nos estropearan el caso con sus pezuñas.
-No podría haberlo expresado mejor inspector.
-¿Me está escuchando Sánchez?¡Desaparezca!
Sin decir una sola palabra mas Sánchez y Ali se dirigieron a la cocina. Ali hablaba mal español, pero se las sabia todas y ya había forzado de antemano la puerta de servicio de la casa, así que sin mucha dificultad los dos hombres escaparon por la puerta trasera. De poco les sirvió, los pasos de medio cuerpo de policía subiendo apresuradamente por las escaleras les invitaban a recular.
-¿Qué hacer?
-Sígame Alí.
Los dos ayudantes del inspector subieron con cuidado de no armar mucho escandalo las escaleras, piso a piso, hasta llegar al último. Sánchez lo tenía claro, en cuanto pasase un buen rato bajaban y se hacían pasar por vecinos.
-Esperemos que a nadie se le ocurra salir a preguntar qué hacemos aquí. Por si acaso vamos a intentar no armar mucho ruido, ¿Está clarito?
-Coralino señor.
-Será cristalino Alí, cristalino.
-También decir así.
El inspector esperaba impaciente, ¿A quién le habrían encargado esta vez semejante sangriada? Le gustaba causar un efecto cuanto menos impactante en la policía, a lo "clin iswud", eso siempre le había ayudado. Repasó la habitación un par de veces mas, esta vez en busca de posibles pruebas de que cualquiera de sus ayudantes hubiera estado allí. Una vez comprobado, buscó el lugar mas oscuro de la habitación y decidió esperar ahí. Se ajustó el sombrero, subió el cuello de su gabardina y encendió un pitillo. Arropada por el contraluz de una estrecha y mugrienta ventana, su silueta esperaba impasible la llegada de los azulones, inmersa una nube de humo, polvo y ese singular hedor que solo pueden proporcionar unos cuantos "corpus frescus" como solía comentar el inspector.
-¡Latinajos a mi!- pensó.
Poco después aparecieron por la puerta un inspector y su subordinado, ataviados con 2 uniformes limpios y relucientes, enfrascados en una acalorada discusión. La situación no podía ser mas cómica. El inspector bajito y regordete recriminaba con toda clase de gestos y expresiones a su alto y huesudo compañero por haberle tirado el café, mientras este le miraba, cansado, y le escupía con desgana alguna disculpa que otra intercalada con sus propios argumentos que podrían resumirse en que la culpa no era suya.
Entretanto Marta llegó a la cafetería mas cercana. Se detuvo en la puerta, abrió su bolso y comprobó para su disgusto que sólo tenía un par de euros aparte de los 10 del inspector.
-No me da para los dichosos tacones de "Azucena". Tendré que tomarme ese café.
Azucena era su tienda favorita, una zapatería modesta, que también vendía una cantidad limitada de ropa y complementos, situada justo debajo de su casa. Mas que su tienda favorita, era la única tienda en la que compraba algo, porque aparte de vivir encima tenía precios inigualables.
Marta entró en el bar "La silla pintada".
-Menudo churro de nombre- Pensó.
-Se nos acaba el tiempo -murmuró Rodríguez mientras miraba a Sánchez de reojo.
Sánchez conocía bien al inspector, no en vano, los 13 años que llevaba trabajando con él le servían para saber de sobra lo que significaba un solo gesto. Se avecinaban problemas, y de los gordos. Mas le valía apresurarse porque si la policía entraba en escena de poco iban a servirles las pruebas que tuvieran, se las arrebatarían haciéndolas suyas, sin embargo aún no conocía un solo policía capaz de sacar nada útil de todo aquello.
-Crimen pasional, como si lo viera...-Pensó Sánchez en alto.
-Hombre Sánchez, quiero pensar que en la policía queda alguien con sentido común, esto mas que pasión es desenfreno...Oiga, ¿sabe algo de Marta?
-Lo mismo que usted inspector.
-Pues mal vamos...Aunque visto lo visto, casi mejor que se quitara de en medio, así no tendré que preocuparme de que mantenga la boca cerrada.
-Si usted lo dice...
-Ande ande, déjese de cháchara y acabe con lo suyo que aquí se nos van a merendar como no nos demos prisa.
Las sirenas se detuvieron. No obstante el estruendo causado por lo que parecía ser un barrio entero cotilleando no perdió la ocasión de recuperar protagonismo. Ya habían llegado, tenían que actuar rápido.
-Sánchez, no hay tiempo de hacer nada mas. Diríjase a la cocina y trate de escabullirse por la puerta de atrás. Pase lo que pase la policía no debe tener acceso a nuestras cosas. Tome, llévese mi libreta. Confío en su buen criterio.
-Haré lo que pueda inspector.
-Sabe lo mucho que odio que me hinche las pelotas con su condescendencia, o lo hace o no lo hace, y entonces vamos de culo, mas vale que aleje todas las pruebas de las manitas de esos cerdos o nos estropearan el caso con sus pezuñas.
-No podría haberlo expresado mejor inspector.
-¿Me está escuchando Sánchez?¡Desaparezca!
Sin decir una sola palabra mas Sánchez y Ali se dirigieron a la cocina. Ali hablaba mal español, pero se las sabia todas y ya había forzado de antemano la puerta de servicio de la casa, así que sin mucha dificultad los dos hombres escaparon por la puerta trasera. De poco les sirvió, los pasos de medio cuerpo de policía subiendo apresuradamente por las escaleras les invitaban a recular.
-¿Qué hacer?
-Sígame Alí.
Los dos ayudantes del inspector subieron con cuidado de no armar mucho escandalo las escaleras, piso a piso, hasta llegar al último. Sánchez lo tenía claro, en cuanto pasase un buen rato bajaban y se hacían pasar por vecinos.
-Esperemos que a nadie se le ocurra salir a preguntar qué hacemos aquí. Por si acaso vamos a intentar no armar mucho ruido, ¿Está clarito?
-Coralino señor.
-Será cristalino Alí, cristalino.
-También decir así.
El inspector esperaba impaciente, ¿A quién le habrían encargado esta vez semejante sangriada? Le gustaba causar un efecto cuanto menos impactante en la policía, a lo "clin iswud", eso siempre le había ayudado. Repasó la habitación un par de veces mas, esta vez en busca de posibles pruebas de que cualquiera de sus ayudantes hubiera estado allí. Una vez comprobado, buscó el lugar mas oscuro de la habitación y decidió esperar ahí. Se ajustó el sombrero, subió el cuello de su gabardina y encendió un pitillo. Arropada por el contraluz de una estrecha y mugrienta ventana, su silueta esperaba impasible la llegada de los azulones, inmersa una nube de humo, polvo y ese singular hedor que solo pueden proporcionar unos cuantos "corpus frescus" como solía comentar el inspector.
-¡Latinajos a mi!- pensó.
Poco después aparecieron por la puerta un inspector y su subordinado, ataviados con 2 uniformes limpios y relucientes, enfrascados en una acalorada discusión. La situación no podía ser mas cómica. El inspector bajito y regordete recriminaba con toda clase de gestos y expresiones a su alto y huesudo compañero por haberle tirado el café, mientras este le miraba, cansado, y le escupía con desgana alguna disculpa que otra intercalada con sus propios argumentos que podrían resumirse en que la culpa no era suya.
Entretanto Marta llegó a la cafetería mas cercana. Se detuvo en la puerta, abrió su bolso y comprobó para su disgusto que sólo tenía un par de euros aparte de los 10 del inspector.
-No me da para los dichosos tacones de "Azucena". Tendré que tomarme ese café.
Azucena era su tienda favorita, una zapatería modesta, que también vendía una cantidad limitada de ropa y complementos, situada justo debajo de su casa. Mas que su tienda favorita, era la única tienda en la que compraba algo, porque aparte de vivir encima tenía precios inigualables.
Marta entró en el bar "La silla pintada".
-Menudo churro de nombre- Pensó.
domingo, 8 de marzo de 2009
Capitulo Quinto
La luz penetraba violenta, dañando los ojos de los espectadores. El sol señalaba, con la agresividad de los rayos que batallan con un ejercito de nubes, la inscripción de la pared. El hedor resultaba insoportable.
Rodríguez no se dejaba impresionar tan fácilmente, pero el dramatismo de la escena bien merecía unos minutos de silencio. Mientras, la pluma trazaba, autónoma, notas en la libreta.
Marta se sentía mareada, completamente mareada, le costaba respirar, el aire de la calle parecía seguir conservando aquella peste nauseabunda. Una multitud de curiosos se congregaba alrededor del cuerpo inerte de un viejo desplomado a la entrada. Las sirenas de la policía se escuchaban cercanas. ¿Cómo habían llegado ellos antes? Sabía que a Rodríguez le contrataban hombres importantes, ¿pero tanto?
De repente se le volvió a activar el cerebro, ese viejo debía hacer pocas horas que había muerto. Su estado era visiblemente mejor que el de los otros cuerpos. Y algo en su pequeña cabeza le susurro que debía aprovechar la ventaja sobre la policía, antes de que esos prepotentes uniformados convirtieran la investigación en un espectáculo de feria. La prensa se iba a poner las botas y las pocas pistas fiables estaban al alcance de sus dedos. Volvió sobre sus pasos, deslizando unas enormes gafas de sol sobre sus ojeras y ajustándose los guantes a medida que se acercaba a la multitud. Se abalanzo sobre el cuerpo. El estruendo de sirenas era cada vez mas intenso. Metió rauda las manos en todos los bolsillos que encontró a la vista y, ante la mirada de la atónita multitud, sacó una cartera de piel envejecida por el tiempo. Un nombre...un nombre...un nombre...¡Lo tengo!
Devolvió la cartera a su legitimo dueño. Y mientras la gente, con la boca abierta cual muñeca hinchable, observaba su huida taconeada a bombo y platillo, la policía hizo su entrada en escena.

Rodríguez no se dejaba impresionar tan fácilmente, pero el dramatismo de la escena bien merecía unos minutos de silencio. Mientras, la pluma trazaba, autónoma, notas en la libreta.
Marta se sentía mareada, completamente mareada, le costaba respirar, el aire de la calle parecía seguir conservando aquella peste nauseabunda. Una multitud de curiosos se congregaba alrededor del cuerpo inerte de un viejo desplomado a la entrada. Las sirenas de la policía se escuchaban cercanas. ¿Cómo habían llegado ellos antes? Sabía que a Rodríguez le contrataban hombres importantes, ¿pero tanto?
De repente se le volvió a activar el cerebro, ese viejo debía hacer pocas horas que había muerto. Su estado era visiblemente mejor que el de los otros cuerpos. Y algo en su pequeña cabeza le susurro que debía aprovechar la ventaja sobre la policía, antes de que esos prepotentes uniformados convirtieran la investigación en un espectáculo de feria. La prensa se iba a poner las botas y las pocas pistas fiables estaban al alcance de sus dedos. Volvió sobre sus pasos, deslizando unas enormes gafas de sol sobre sus ojeras y ajustándose los guantes a medida que se acercaba a la multitud. Se abalanzo sobre el cuerpo. El estruendo de sirenas era cada vez mas intenso. Metió rauda las manos en todos los bolsillos que encontró a la vista y, ante la mirada de la atónita multitud, sacó una cartera de piel envejecida por el tiempo. Un nombre...un nombre...un nombre...¡Lo tengo!
Devolvió la cartera a su legitimo dueño. Y mientras la gente, con la boca abierta cual muñeca hinchable, observaba su huida taconeada a bombo y platillo, la policía hizo su entrada en escena.

miércoles, 4 de marzo de 2009
Capítulo 4

¿Qué diablos había ocurrido? Eso se preguntaba Ali, "el cerrojos", nada mas entrar. Le llamaban así porque solo valía para una cosa, forzar cerraduras. Al inspector le venía que ni pintado, pero procuraba que no se diese mucha cuenta de ello (que luego te piden la vida por cuatro puertas de ná).
La bienvenida fue insuperable, cadáveres humeantes en avanzado estado de descomposición les saludaban entre restos de sangre y huesos. Las paredes, decoradas con los sesos de uno de los cuerpos, esperaban en silencio otra pregunta. Sin embargo, la pregunta del inspector Rodriguez al entrar no fue la esperada.
-¿Avisaste a Marta? Esa mujer hara que un dia pierda los nervios, sigo preguntandome por qué la mantengo en nómina. Maldita furcia...
- La señora Marta ya venir, ella decir que cogería un taxi y venir volando.
-¿Por qué coño tienes que hablar así? Te tengo dicho que no eres un puto indio. Llevas aquí mas de cuatro años, ¿cuando piensas aprender mi idioma? - Ali bajó la cabeza, el inspector resopló, cansado - ¿Va a coger un taxi dice la señorita? Y luego me viene racaneando a fin de mes, ¿sabes que te digo? - Ali abrió la boca como para contestar- Por mi como si fleta un vuelo charter ¿Ibas a decir algo?
- Iba a contestarle...
-Joder Ali, no era una pregunta para ti, no se para que cojones hablo contigo. A ver, ¿Qué tenemos? -Esta vez Ali sabía que ya no estaba hablando con él.
Rodríguez fue repasando la escena poco a poco, tomando notas con su libreta. Le gustaba pasear, ayuda a pensar. Solía decir que por eso se mató Socrates, paseaba demasiado y concluyó que para vivir dando por culo mejor tragar cicuta.
El inspector era un hombre alto, de unos cincuenta y muchos años. Tenía la mirada fría y distante, sus dos ojos grises, penetrantes, daban buena cuenta de todo lo que habían visto mucho mejor que las arrugas de su cara. Llevaba siempre un traje gris marengo impoluto, aunque viejo y raído; si tenía otro, nadie lo había visto hasta el momento. Gustaba también de llevar sombrero, herencia de su padre. Fue lo único que aprendió de él, "un señor se viste por los pies y se presenta con la cabeza". Sus zapatos, unos mocasines de los de toda la vida, cuidadosamente encerados, y de complemento un reloj Timex dorado con la correa de cuero y la esfera blanca. El cristal era de cuarzo, duro y resistente, indestructible según su vendedor. Se lo compró directamente al distribuidor en España, un empresario de nivel medio, metido en toda clase de negocios. Su sueño era montar una granja de avestruces, tuvo una de pollos una vez. Aquel hombre fue probablemente la única persona que le caía bién al inspector Rodríguez, lástima que muriese. Para convencerle de que comprase el reloj llamo a su hijo y le pidió que lo estrellara contra la pared con todas sus fuerzas. El niño feliz y orgulloso de poder ayudar a su padre agarró el reloj, cogió carrerilla y lo lanzo directo contra el gotelé. Al recogerlo el reloj no tenía una sola muesca. Rodríguez no necesitó mas pruebas. Un reloj indestructible para un hombre imperturbable. Era una buena combinación.
El inspector continúo la ronda y se detuvo ante la puerta más alejada de la entrada. Ignoró por completo los restos humanos que descansaban a su alrededor, aquello no tenía interés, era como una maraña de pelos en mitad de un vertedero. Pero aquella puerta cerrada...Eso sí llamo su atención.
-Esta niña...La han arrastrado. Estaba aquí dentro.-Dijo para si.
El inspector intentó girar el pomo pero estaba suelto.
-¡Aliiiiiiii!
-¡Voy!
Ali se apresuró a hacer su trabajo, sabía que el inspector odiaba esperar. Mientras tanto el sonido de unos tacones acercandose apresurados resonaba en los timpanos del inspector como una herida punzante.
- Por fin te dignas a aparecer Marta.
En escena, entró una mujer de estatura media, jadeante. Su mirada andaba demasiado perdida pensando en el cabreo del inspector como para percatarse de la situación. El inspector la miraba, repasando la figura que temblequeaba ante su escrutinio.
- Podrías llevar una falda mas corta, pero sería una bufanda ¿Por qué en lugar de comprarte esos modelitos tan horribles no te compras un puñetero reloj de una vez?
El inspector adoraba los chistes de faldas. Marta llevaba un vestido corto de noche a rayas blancas y negras, imitando a una zebra y un chaleco negro que pretendía ser de bisón, aunque no pasaba de perro muerto. En su cuello tenía anudado un collar de perlas y en sus brazos un par de brazaletes plateados. Sujetaba con la mano izquierda su bolso, a juego con el chaleco.
La chica miraba para abajo, como arrepentida.
- Lo siento inspector, ya sabe que no me gusta estar atada, mucho menos al tiempo.
- Siempre me sueltas esa gilipollez. Si no fueras rubia teñida pensaría que eres tonta. Siendo morena te quedas en gilipollas.
Marta prefirió no contestar. Sabía que el inspector disfrutaba de esos abusos, era parte de su personalidad, pero estaba convencida de que no lo decía en serio, estaría enfadado pensó. Estaba locamente enamorada de él desde que le conoció. El despreció con que la mirada no hacía mas que avivar su fuego interno.
- ¡Sánchez! ¿Dónde huevos se mete? ¿Tiene algo ya? ¡Quiero la reproducción de la escena lista para cuando salga de esta habitación!
Por el resquicio de una de las puertas se asomó un hombre bajito y regordete con pelo cano y escaso. Llevaba un par de anteojos sucios y una camara fotográfica con un objetivo enorme entre sus manos. Vestía con unos pantalones de raya, una camisa blanca y un jersey con cuello en uve.
- Son muchos cadaveres señor, esta gente sabe como montar una buena fiesta.
- Haga su trabajo Sánchez y déjeme a mi el humor negro.
- Eso estaba haciendo.
Sánchez era la mano derecha del inspector. Mientras tanto, su izquierda miraba al frente, pálida.
- Tendrá no mas de ocho años. Sé que es duro, superalo.
La cara de Marta se puso verde.
- Largo de aqui o lo estropearas todo con tu ridículo desayuno, si es que has comido algo. Toma -el inspector metió la mano en el bolsillo interno de su chaqueta y sacó 10 euros- vete a tomar un café y vuelve dentro de un rato cuando se te pase el susto. De paso haz algo útil y ve avisando al cliente. No me dijo nada de una sangriada, esto le va a salir mas caro.
En ese momento Ali lograba abrir la puerta. Marta desapareció como un fantasma. Allí estaba, ante sus ojos, el meollo del asunto. La habitación estaba vacía. Las marcas de sangre que indicaban que la niña fue arrastrada hasta la puerta guiaron al inspector hasta la pared a la izquierda. Había un mensaje escrito con sangre.
ROMPISTE EL SACO. MI DOLOR SERÁ EL TUYO.
viernes, 27 de febrero de 2009
Capitulo tercero
Zzzzzzzz
El vuelo de una mosca se vio interrumpido por un olor jugoso, la llamaba desde la distancia, un agresivo viraje entre las orejas de dos enamorados y una esquina mas adelante encontró el botín. Un anciano desecho encima de la acera...umm.
El vuelo de una mosca se vio interrumpido por un olor jugoso, la llamaba desde la distancia, un agresivo viraje entre las orejas de dos enamorados y una esquina mas adelante encontró el botín. Un anciano desecho encima de la acera...umm.
Sus pequeñas patitas se posaron sobre una de sus pupilas, ahí estaba, con los ojos abiertos y la expresión aterrorizada de quien ha descubierto una verdad espantosa y sabe que nunca podrá contarla. Picoteó un poquito, el sabor agridulce de aquel plato gris la reconfortaba, decidió no volver a comer jamás mierda de perro y continuó el almuerzo, mientras distinguía otros olores. ¡Mucho mas apetitosos!
Levantó el vuelo y se dirigió rauda hacia la puerta entreabierta de la casa ante la que el aperitivo se había derrumbado. El olor de la sangre lo impregnaba todo y zzzzzz otro cuerpo en la penumbra del pasillo, con la cabeza como una sandia que se ha caído al suelo, los trozos de cerebro esparcidos por las paredes. ¡Que manjar más sabroso!
Pero aun había más zzzzz el hueco de las escaleras siguió descubriendo cuerpos, una mujer, un niño, una anciana, un hombre...había demasiados. La mosca confusa y embriagada no sabía por donde empezar. Al fin se posó encima del pomo de una puerta cerrada. El cuerpo inerte de una niña pequeña la miraba sumergido en un río de sangre, las manitas entrecerradas señalando la puerta y una expresión de sorpresa dibujada en su rostro. El manantial de su sangre, ya seca, se había derramado por el agujero de escopeta en su pecho. Ese sería el primer plato.
¡Zas! La puerta se abrió de golpe, aplastando al insecto.
El inspector Rodríguez con su equipo de sabuesos acababa de hacer entrada.
-¿Qué diablos ha pasado aquí?-

jueves, 26 de febrero de 2009
Capítulo 2
Tú les has matado -repetía su reflejo sin cesar- Tú, les has matado.
Inmóvil, con la mirada perdida, contemplaba como el mundo a su alrededor se iba apagando. La oscuridad avanzaba rápidamente devorando todo lo que alcanzaba su ya de por si maltrecha vista, de pronto, ya no quedaba nada. Los colores antaño vivos y variados se tornaron negro, rosa pálido su rostro y su carne amarillenta. Pero él seguía eternamente vivo, atrapado en una carcasa inmóvil de pellejo putrescible, durante unos largos minutos mas. Según se iba apagando, iban creciendo y fortaleciéndose toda clase de seres microscópicos en su interior que, incapaces de desaprovechar semejante oportunidad, comenzaban a devorar sus entrañas.
¿Quienes han muerto?-Se preguntó de pronto.
Ya no pudo plantearse nada mas. Sus ultimas funciones se fueron apagando en los 5 segundos mas largos de su vida mientras su cuerpo, aun intacto, caía inerte frente al portal de su casa. Su reflejo, antes tan vivo y convincente ya no decía nada. Solo quedaba un cristal, inerte y vacío, último testigo de su existencia, de su opacidad.
Inmóvil, con la mirada perdida, contemplaba como el mundo a su alrededor se iba apagando. La oscuridad avanzaba rápidamente devorando todo lo que alcanzaba su ya de por si maltrecha vista, de pronto, ya no quedaba nada. Los colores antaño vivos y variados se tornaron negro, rosa pálido su rostro y su carne amarillenta. Pero él seguía eternamente vivo, atrapado en una carcasa inmóvil de pellejo putrescible, durante unos largos minutos mas. Según se iba apagando, iban creciendo y fortaleciéndose toda clase de seres microscópicos en su interior que, incapaces de desaprovechar semejante oportunidad, comenzaban a devorar sus entrañas.
¿Quienes han muerto?-Se preguntó de pronto.
Ya no pudo plantearse nada mas. Sus ultimas funciones se fueron apagando en los 5 segundos mas largos de su vida mientras su cuerpo, aun intacto, caía inerte frente al portal de su casa. Su reflejo, antes tan vivo y convincente ya no decía nada. Solo quedaba un cristal, inerte y vacío, último testigo de su existencia, de su opacidad.
Su casa, un minúsculo dúplex en la calle Oliva numero 27, resistió una vez más el envite del tiempo, quedando así como último vestigio de tan singular personaje. Imbatible en otros tiempos, era su casa ahora la que carcajeaba contemplando su mustio cadáver. Sin embargo su risa no la causaba el júbilo de haberle ganado la partida al tiempo y al anciano (por ahora), sino porque conocía la respuesta.
Los muertos eran, paradojicamente, sus recuerdos. Precisamente por eso la casa reía tan altiva, ya no quedaba nada mas que matar.
Capitulo primero
Aquella mañana no se había molestado en dibujar sobre su cuasi desierta cabeza la ya conocida raya que como cada mañana colindaba con su oreja izquierda y ayudaba a disimular el otoño capilar. Andando deprisa e inquieto, miro hacia atrás en aquel preciso momento. Estaba seguro. Lo había visto.
El reflejo de lo acaecido hacia apenas unas eternidades le perseguía y se escondía al doblar cada esquina. Le miraba de reojo, aguijoneándole la memoria. Airado intento correr pero la edad y el temblequeo que había empezado a recorrer cada recoveco de su retorcida y nervuda anatomía no le permitieron salvar más de media manzana. Aterrado con los ojos desenfocados contemplo el lugar al que le habían conducido sus presurosos pasos. Su casa. Aquí empezó todo.
El olor agridulce del néctar de las venas acudió raudo a su nariz; empezaban a descomponerse.
El escalón sobre el que tuvo que sentarse, para no rodar por el suelo, parecía helado y el tacto le ayudo a despejarse. No podía alejarse del antaño llamado hogar. No podía dejarlo así, jamás descansaría tranquilo, ese estúpido reflejo no le dejaba ni a sol ni a sombra y una vez le vio sentado se acerco despacio. Se choco con su costado, se acuclillo frente a frente y reflejando el terror del anciano en sus inexistentes pupilas, pronuncio: Tu les has matado.
El reflejo de lo acaecido hacia apenas unas eternidades le perseguía y se escondía al doblar cada esquina. Le miraba de reojo, aguijoneándole la memoria. Airado intento correr pero la edad y el temblequeo que había empezado a recorrer cada recoveco de su retorcida y nervuda anatomía no le permitieron salvar más de media manzana. Aterrado con los ojos desenfocados contemplo el lugar al que le habían conducido sus presurosos pasos. Su casa. Aquí empezó todo.
El olor agridulce del néctar de las venas acudió raudo a su nariz; empezaban a descomponerse.
El escalón sobre el que tuvo que sentarse, para no rodar por el suelo, parecía helado y el tacto le ayudo a despejarse. No podía alejarse del antaño llamado hogar. No podía dejarlo así, jamás descansaría tranquilo, ese estúpido reflejo no le dejaba ni a sol ni a sombra y una vez le vio sentado se acerco despacio. Se choco con su costado, se acuclillo frente a frente y reflejando el terror del anciano en sus inexistentes pupilas, pronuncio: Tu les has matado.
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