jueves, 26 de febrero de 2009

Capítulo 2

Tú les has matado -repetía su reflejo sin cesar- Tú, les has matado.

Inmóvil, con la mirada perdida, contemplaba como el mundo a su alrededor se iba apagando. La oscuridad avanzaba rápidamente devorando todo lo que alcanzaba su ya de por si maltrecha vista, de pronto, ya no quedaba nada. Los colores antaño vivos y variados se tornaron negro, rosa pálido su rostro y su carne amarillenta. Pero él seguía eternamente vivo, atrapado en una carcasa inmóvil de pellejo putrescible, durante unos largos minutos mas. Según se iba apagando, iban creciendo y fortaleciéndose toda clase de seres microscópicos en su interior que, incapaces de desaprovechar semejante oportunidad, comenzaban a devorar sus entrañas.

¿Quienes han muerto?-Se preguntó de pronto.

Ya no pudo plantearse nada mas. Sus ultimas funciones se fueron apagando en los 5 segundos mas largos de su vida mientras su cuerpo, aun intacto, caía inerte frente al portal de su casa. Su reflejo, antes tan vivo y convincente ya no decía nada. Solo quedaba un cristal, inerte y vacío, último testigo de su existencia, de su opacidad.


Su casa, un minúsculo dúplex en la calle Oliva numero 27, resistió una vez más el envite del tiempo, quedando así como último vestigio de tan singular personaje. Imbatible en otros tiempos, era su casa ahora la que carcajeaba contemplando su mustio cadáver. Sin embargo su risa no la causaba el júbilo de haberle ganado la partida al tiempo y al anciano (por ahora), sino porque conocía la respuesta.

Los muertos eran, paradojicamente, sus recuerdos. Precisamente por eso la casa reía tan altiva, ya no quedaba nada mas que matar.

1 comentario: